Juan Ramón Jiménez nació en Moguer, Andalucía, el pasado diciembre. 24, 1881. Después de una temprana formación en una escuela jesuita, fue enviado a estudiar derecho a Sevilla; sin embargo, optó por estudiar literatura, especialmente poetas románticos. En 1900 Jiménez viajó a Madrid, llevando una amplia colección de sus primeros poemas, finalmente publicados bajo los delicados títulos de Ninfeas y Almas de violeta. En este momento sufrió una crisis mental, pasando meses en clínicas en Francia y en Madrid. A pesar de su condición, Jiménez ayudó a fundar y dirigir la revista literaria Helios y continuó escribiendo poesía. Sus títulos expresivos indican con precisión el tipo de poesía que escribía: Arias tristes (1903), Jardines lejanos (1905), Pastorales (1905).

En 1905 Jiménez regresó a Moguer y pasó 6 años tranquilos escribiendo el mismo tipo de poesía: Elejlas, Baladas de primavera, La soledad sonora. Esencialmente, esta poesía es impresionista, con un fondo estilizado de naturaleza en colores pastel (rosa, blanco, malva). El tono es generalmente de melancolía lánguida; la forma es elegante, aristocrática y musical. Incluso en esta etapa, sin embargo, la imaginería de Jiménez se centra en la sublimación de las emociones humanas. En su temprana madurez, esta tendencia hacia la sublimación se hace pronunciada, especialmente en el fino libro Sonetos espirituales (1915).

En 1916 Jiménez se fue a los Estados Unidos y se casó con Zenobia Camprubi. En este viaje el poeta compuso su importante libro a la manera simbolista, Diario de un poeta reciencasado, que es una elaborada proyección de dos símbolos básicos, el mar y el cielo. De vuelta en Madrid, en los años siguientes Jiménez se retiró gradualmente de la participación en el mundo real para concentrarse en su poesía. Creó cuatro grandes libros: Eternidades (1917), Piedra y cielo (1918), Poesça (1923) y Belleza (1923). En ese momento estaba escribiendo una poesía pura de tono intelectual reducida a símbolo esencial y despojada de toda anécdota y música verbal.

Al estallar la Guerra Civil Española, Jiménez (nunca interesado en la política) volvió a Estados Unidos y comenzó una carrera tardía (seguida por muchos otros exiliados) de enseñanza y conferencias por breves períodos. Aunque su creación poética se debilitó un poco en la década de 1930, en la década de 1940 disfrutó de una explosión final de inspiración. Como resultado de un viaje en barco a Argentina, Jiménez, nuevamente conmovido por el símbolo del mar, escribió lo que consideró su última gran obra, Dios deseado y deseado (1949). Este libro proyecta la resolución de temas que Jiménez había venido desarrollando durante toda su carrera. Su primer período fue estético, su segundo intelectual; en su último período, uno religioso, expresó su unión neomística con su Dios «deseado y deseante».»En todos estos períodos, el poeta está buscando una perfección de su alma, lo que él llama una «conciencia única, justa y universal de la belleza.»

Jiménez también escribió prosa significativa en su larga carrera. En 1917 publicó Platero y yo, un libro poético, melancólico y franciscano que se ha convertido en un clásico, especialmente para niños. También escribió Españoles de tres mundos, retratos cortos y a veces mordaces de sus contemporáneos.

En 1956, justo en el momento en que su amada Zenobia yacía muriendo, Jiménez recibió el Premio Nobel de literatura por su poesía lírica. Murió en San Juan, Puerto Rico, el 29 de mayo de 1958.

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